domingo, 18 de diciembre de 2011

La Violetera



-          - Dicen que esta artista tan parisina es madrileña.

 Es entonces cuando o bien me miras a la cara y me das el motivo o improvisas, igualmente puedes mirarme a la cara, en esto último. Entrado el invierno hace frio y no pretendes estar allí mucho tiempo a dar explicaciones, aunque igualmente has estado en aquel lugar otras tantas veces y no te quejaste en verano cuando la noche estrellada silbaba un canto dramático de témpera añil y acuarela ocre, titilaban los ratones por el suelo esquivos a los gatos igual que las estrellas huidizas a pesar de su catarsis.

-           -Y usted no quería venir, embajador.

 Y me lo das, tan intempestiva le dejas escapar deslizando el mantón en tanto parece una insinuación exhibicionista, pero no es tal, recuerdas que los exhibicionistas no se demoran en abrir la puerta de la cueva de Ali Baba las mil y una noches. Ya fuera, tu argumento se hace carne y se estira longo sin separarse de ti, llega a mi vera entonces, al alcance de una supernova caracterizada con materia negra de recortes de revistas del corazón. Apenas se ven los labios de la Belén Esteban en el papel cuché que tú quisiste pegarme en el ojal.

-          -  Cómpreme usted este ramito.

    Incluso antes te apetece pedirme bailar como si las formas fueran las mismas o iniciarse en el fondo fuese lo mismo que cuando indagaban tus manos en mi entretela que era de metal oscuro y el frío del vacío se te enramaba en los brazos como nitrógeno líquido vomitado por un T-1000 que va fatal de vodka y red bull, o perdón, bebida energética sin clasificar.
-        
             - Discúlpelo excelencia.



  Y te basta con mirarme a la cara, y sin disimular concedes la dioptría precisa de tus palabras para que en mis ojos que recuerdas no hace tanto fueron los tuyos, asista el entendimiento en esfuerzo mutuo hasta que cristaliza el silencio, rasga el telón y asoma el terror mas atroz que es cacarear la verdad en plena madrugada aun con voz de gallo o mas de pollo asado, hasta los zorros hambrientos aguardan a tu vera junto a jubilados, y reclusos en una impostura evasiva, aguardando algo mas que las sobras cuando se suponía que solo éramos tu y yo.
  De repente llegan los sueños de antes, cuando empujabas a Carmen Sevilla por las escaleras de tu portal. Me olvidé de tu naturaleza junto a los trazos de carboncillo y rímel de mi ensueño herido,  y las hojas cayendo como fotogramas te desdibujaron mientras me dejabas allí, yo me puse rectangular y tu te quitabas la ropa, siendo la hora en punto en la que las violeteras retornan a casa con el viento en constante entrega de azotes pomposos. Tan solo quedan los labios de Belen Esteban, en el ojal, ocupando el lugar de las eternas flores, y yo reflejo con aires de plata el resto de la sala, tan destartalada, y abres la puerta para salir, mirando hacia atrás, mas lejos que otras veces, cauterizada.